Anthony lleva 2 años pagando, muy caro, lo que son problemas entre tú y yo, y con los cuales no habría nunca tenido que ver. Pero es la principal víctima de nuestros desacuerdos.
Mis proposiciones de reconciliación quedan sin respuestas. Pero ¡2 años! : llevamos 2 años separados, y ya vamos siendo cuarentones.
Lo hecho, hecho esta. Tendrá sus consecuencias y tendremos que asumirlas. No cambiaremos el pasado. Pero no tenemos derecho de ofrecer a nuestro hijo, como único futuro, este pasado. Nuestras divergencias tienen que parar de hacerle sufrir. Si o si, para Anthony, acabaremos entendiéndonos porque no hay otra solución, no existe otra vía. Cual que sea el esfuerzo que representa superar el pasado, nuestro hijo se lo merece, y urgentemente.
¿Secuestrado, privado de su padre, es la vida que pretendes para tu hijo? ¿Esa es la felicidad que le prometes?
Haciendo esto, le privas de uno de sus padres. Convirtiéndote en secuestradora, y sin hablar más de los malos tratos pasados, te arriesgas a penas que pueden que tú también desaparezcas de la vida de nuestro hijo, en consecuencia de tus propias acciones y decisiones. ¿Qué será de Anthony? ¿Qué quieres ofrecerle: una vida pasando de decisiones judiciales en decisiones judiciales?
¿Cómo podremos explicárselo? ¿Crees que podrá un día llegar a perdonarnos por haber primado nuestros conflictos antes de su bienestar, de nuestro amor por él?
¿Te das cuenta de los daños que está sufriendo? ¿Te has informado sobre las consecuencias y secuelas de los traumatismos sufridos en casos de privación forzada de la compañía de uno de los padres, de las consecuencias de una extracción repentina de su entorno, de todas sus referencias?
No hay otra que reconciliarnos, por lo que te ruego considerarlo, encontrar la fuerza para superar el odio que has alimentado hacia mí, con el cual Anthony no tiene nada que ver, y lo antes posible, para que dejemos de añadir y añadir a sus sufrimientos: toda su corta vida solo ha sido esto. Démosle, tu y yo, la infancia que nunca ha tenido, y se merece tanto, y urgentemente.
No tenemos nada más importante que Anthony, ¡es tiempo de demostrarselo!
Haga marcha atrás, devuelve Anthony a su vida, su entorno, a su padre, y ofrezcámosle también, como todos sus amigos de la escuela con los cuales ya es capaz de comunicar, y comparar con ellos cual es su vida, la posibilidad de contar, el también, el lunes después de su fin de semana: “yo también pase mi domingo con mis padres, fuimos al parque y reímos”.
Te lo suplico: hagamos cuanto hace falta para ser los padres que se merece Anthony, que pide.
domingo, 25 de octubre de 2009
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